El soborno al descubierto

cropped-copy-copy-cabecera_campo_9_Noticias1.png

Con el destape de las cajas de Pandora de Itaipú y Yacyretá, las sorpresas que de ellas saltaron, aunque sospechadas por la ciudadanía, superaron lo imaginado por la gente, desde los siderales sueldos que ganan sus directivos –que superan los 100 millones de guaraníes por mes– hasta el pantagruélico banquete y privilegios que en diversos otros conceptos se mandan los 1.811 empleados de la primera binacional citada y los 3.705 de la segunda. Siempre sospechábamos que debía existir un motivo para que, de tantos paraguayos que pasaron por los cargos de directores y consejeros, ninguno de ellos se ocupara con energía de poner sobre la mesa los atropellos a los que abiertamente fue sometido nuestro país por nuestros angurrientos socios. ¿Cómo un funcionario que gana cien millones de guaraníes mensuales, y que de un plumazo puede ser destituido por el presidente de la República que lo nombró, se va a atrever a crearle a su patrón un problema diplomático con los Gobiernos de los países vecinos, en caso de que se le ocurra exigir la corrección de alguna injusticia para con nuestro país?

Con el destape de las cajas de Pandora de Itaipú y Yacyretá, las sorpresas que de ellas saltaron, aunque sospechadas por la ciudadanía, superaron lo imaginado por la gente, desde los siderales sueldos que ganan los directivos de ambas entidades binacionales –que superan los 100 millones de guaraníes por mes– hasta el pantagruélico banquete y privilegios que en diversos otros conceptos se mandan los 1.811 empleados de la primera binacional citada y los 3.705 de la segunda.

Evidentemente, nos quedamos cortos en nuestra evaluación apriorística. Desde un comienzo, muchos años atrás, nosotros ya habíamos maliciado que la falta de interés en la defensa de los intereses de nuestro país en las binacionales podía deberse a debilidad, ignorancia o corrupción de la mayoría de los directores y consejeros que se colocaron en ellas. Sospechábamos que debía existir un motivo importante para que, de tantos paraguayos que pasaron por esos cargos desde 1973 hasta ahora, ninguno de ellos, con valentía y solvencia profesional, se ocupara de poner sobre la mesa los atropellos a los que abiertamente fue sometido nuestro país todos estos 40 años por nuestros dos angurrientos socios en las binacionales. Ahora ya salta la prueba. ¿Cómo un funcionario que gana cien millones de guaraníes mensuales de sueldo, y que de un plumazo puede ser destituido por el presidente de la República que lo nombró, se va a atrever a crearle a su patrón un problema diplomático con los Gobiernos de los países vecinos, en caso de que se le ocurra exigir la corrección de alguna injusticia para con nuestro país?

En consecuencia, no podemos sino atribuir a falta de patriotismo de quienes pasaron por estos cargos y recibieron las descomunales e injustificables remuneraciones que tuvieron. Ahora están James Spalding y Juan Schmalko. Está llegando el momento de las modificaciones de los tratados en beneficio del Paraguay. Veremos cómo se comportan. Y la opinión pública debe estar atenta para repudiar por cobardes vendepatrias a los directivos de las binacionales que no defiendan a rajatabla el interés del Paraguay en las negociaciones con los vecinos.

Siguiendo esta línea de preocupación ciudadana por el cuidado de los vitales intereses nacionales puestos en manos de los directores y consejeros paraguayos, no debemos descartar la posibilidad cierta de que, como en el pasado, estos traicionen su deber de patriotismo y antepongan sus intereses personales a los nacionales, aceptando sobornos a cambio de concesiones estratégicas en perjuicio del país. No debería sorprender que en el futuro, y en este delicado menester, reflote el pecado original del despojo de que es víctima el Paraguay desde hace 40 años en Itaipú y otros tantos en Yacyretá, en razón de que para la firma de ambos tratados, uno más leonino que el otro, tanto el dictador Alfredo Stroessner como su canciller, Raúl Sapena Pastor, y sus negociadores técnicos clave, Enzo Debernardi con el Brasil y Zoilo Rodas Ortiz con la Argentina, fueron hábilmente “convencidos” por los Gobiernos de ambos países, con millones de dólares y promesas de apoyo político, que era lo más importante para el autoritario gobernante paraguayo, más interesado en la preservación de su poder que en el dinero. En todo caso, si no él mismo, sí su primogénito, Gustavo Stroessner, a quien, tras la defenestración de su padre, su exesposa le reclamó públicamente parte de la fortuna de US$ 300 millones que, según ella, este tenía en bancos del exterior ¿De dónde, si no de sobornos en las binacionales, pudo haber sacado en aquel tiempo él, o su padre, semejante fortuna?

Siempre con referencia a los orígenes de la corrupción en ambas binacionales, en días recientes la prensa tuvo acceso a una antigua resolución del Comité Ejecutivo de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) del año 1976 (cuando Rodas Ortiz era el director ejecutivo adjunto de la binacional) por la cual, a pedido de Argentina, el lado paraguayo aceptó que la EBY se hiciera cargo de los pagos que correspondía tributar a su personal en concepto de impuestos sobre las remuneraciones que percibieran. Cuando el IRP entró en vigencia en nuestro país, los funcionarios paraguayos, ni cortos ni perezosos, desempolvaron la antigua resolución que desde el principio favorecía a sus pares argentinos, y solicitaron el mismo privilegio a costillas de la entidad. Como no podía ser de otro modo, el director ejecutivo titular argentino, Óscar Thomas, dio rápida aprobación a la solicitud del lado paraguayo del ente según resolución número 14818/12, firmada por el director ejecutivo paraguayo adjunto, Lic. Enrique Cáceres Rojas.

Por testimonios de algunos de los primeros directores paraguayos de la EBY, signatarios de la resolución de referencia, que en principio favorecía únicamente a los funcionarios de la margen izquierda –y ahora también a los de la margen derecha–, fue pactada por el mencionado director ejecutivo paraguayo Rodas Ortiz con su par argentino de entonces a cambio de que el presupuesto de remuneración del personal de ambas márgenes tuviera el mismo monto. En los primeros años de las obras de la EBY, el gasto de personal del lado argentino casi cuadruplicaba al del lado paraguayo, por ser más altos los salarios y la cantidad de funcionarios en dicha margen, por lo que mensualmente Rodas Ortiz y sus directores recibían la diferencia de millones de dólares para repartirse entre ellos y entre quién sabe quiénes más. Este fue, así, el primer soborno con que los argentinos compraron a los directores paraguayos recién instalados en la novel entidad binacional, después del gran soborno para la firma del leonino tratado.

En Itaipú la cosa no pudo haber sido muy diferente. Por esta razón, la ciudadanía debe estar muy vigilante y dispuesta a manifestar públicamente su indignación ante cualquier indicio de traición a nuestros intereses en las binacionales por parte de los directivos que los administran en las mismas.