No es xenofobia, es aporofobia (rechazo al pobre)

derechos humanos


MADRID, 14 May. (EUROPA PRESS) –

La catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, defiende en su libro ‘Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia’ (Editorial Paidós) que no todos los extranjeros son tratados por igual ya que se recibe “con alegría” la llegada de turistas pero “parece que molestan los refugiados e inmigrantes”. Un discurso que “desgraciadamente” ha sido utilizado por algunos políticos como Donald Trump o Marien Le Pen para conseguir votos y quienes, según Cortina, atacan sólo a “los extranjeros que son pobres”.

“Trump ganó las elecciones con un discurso ‘aporófobo’ no xenófobo. No atacaba a los extranjeros en general sino a los mexicanos pobres”, explica la autora en una entrevista con Europa Press. “Lo mismo que Le Pen, que hablaba de refugiados e inmigrantes, un claro ejemplo de ‘aporofobia’ porque no creo que Francia vaya a restringir el turismo”.

El término ‘aporofobia’, acuñado por Cortina hace más de 20 años, hace referencia, tal y como se recoge en su libro, “al rechazo, aversión, temor y desprecio hacia el pobre, hacia el desamparado que, al menos en apariencia, no puede devolver nada bueno a cambio”.

Aunque la palabra no está aceptada por la Real Academia de la Lengua Española, sí aparece en la Wikipedia y es ampliamente utilizada por asociaciones que trabajan en proyectos de exclusión social, como la Fundación RAIS que hace uso de él para explicar las situaciones de violencia ejercidas contra las personas sin hogar e, incluso, el Ministerio del Interior lo utiliza para tipificar un delito de ofensas a los pobres.

Sin embargo, Cortina aclara que la ‘aporofobia’ no sólo se limita a la persona en situación de pobreza económica, sino a toda persona que esté en una situación de vulnerabilidad. “En toda situación, hay personas que están muy bien situadas y otras que no lo están. Por ejemplo, el niño que sufre acoso escolar. Ese pequeño sufre ‘aporofobia’. Hay que tener una sensibilidad muy grande para ver quién es el desprotegido, el vulnerable, porque no en todas las situaciones es evidente”, señala.

ALFOMBRA ROJA PARA LOS JEQUES ÁRABES

En el libro, la autora señala que “el intentar dejar de lado a los peor situados ha existido siempre pero ahora se está visibilizando más”. El triunfo de Trump, del Brexit o la crisis de los refugiados son claros ejemplos de ello. “A los jeques árabes siempre se les ha puesto la alfombra roja cuando han visitado España, al igual que estamos encantados con que se formen colonias de ingleses y alemanes jubilados, pero no pasa lo mismo con los refugiados”, añade.

Por ello, en su obra se intenta reflexionar sobre la existencia de la ‘aporofobia’ y trata de ver cuáles son sus raíces desde el punto de vista biológico y social. Así, desde el punto de vista biológico, Cortina señala que “todas las personas son ‘apórofas’, aunque no sean conscientes de ello” porque el cerebro tiene la tendencia de “unirse a las personas más parecidas y rechazar a los desconocidos, al que viene de fuera y nos puede traer problemas”. Sin embargo, estas tendencias son “moldeables” y dependen de los valores que se trabajan en una sociedad. “Si se cultiva una sociedad excluyente, naturalmente, habrá excluidos en ella”, señala.

Además, la autora recalca que lo que ha triunfado es la sociedad contractual, donde los ciudadanos aceptan unas obligaciones a cambio de unos derechos. “Siempre estamos esperando algún retorno”, afirma. “En nuestra sociedad estamos dispuestos a dar con tal de recibir. Eso es mejor que vivir en sociedades en conflicto, por supuesto, pero esto conlleva que siempre quedan excluidas aquellas personas que pensamos que no pueden devolver nada a cambio”.

Para evitar que sigan habiendo personas “fuera” de la sociedad, Cortina incide en dos puntos clave. El primero de ellos, por parte del Estado, es “trabajar en serio las políticas sociales”, localizar dónde están los más vulnerables de la sociedad y “recuperar a todo el mundo para que se puedan sumar a la tram social”.

El segundo, es la educación. “Hay que educar para la inclusión y la cooperación, no para el conflicto”, añade. Y lamenta que, en la actualidad, se educa a los niños para que compitan y sean los primeros. “Eso es cultivar la ‘aporofobia'”.

La catedrática asegura que existe “un abismo” entre las declaraciones de los organismos públicos y las instituciones y lo que realizan. Y pone de manifiesto cómo la Declaración de los Derechos Humanos firmada en 1948 no ha visto su aplicación directa 60 años después. “Declarar es comprometerse. La Unión Europea y las Naciones Unidas han firmado unas declaraciones que tienen que cumplir. Por una parte estamos hablando de que tenemos unos valores y defendemos unos derechos y a la hora de la verdad, queda muy lejos y justamente los que quedan fuera de todo este juego son los peor situados”.

Por ello, Cortina asegura que Europa, en la actual crisis de los refugiados, “se la está jugando”. “Europa tiene una identidad fundada en unos valores. Uno de ellos es la hospitalidad, el tema que cierra el libro. Hay que trabajar a nivel diplomático para que se acaben las guerras y no haya más refugiados pero, mientras tanto, habrá que organizar la hospitalidad y el asilo, señas de identidad de Europa, y acoger a los que vienen de fuera con dificultades”.