Triunfo de un joven para el Viejo Continente

Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia, junto a su compañera, Brigitte Trogneux (foto: EPA)

Elección  de Macron, un mensaje de Francia para Bruselas

   (ANSA) – PARÍS, 7 MAY – En Francia, hoy venció Europa. Frente a la encrucijada entre populismo y nacionalismo por un lado y el incierto y difícil camino de la vieja Europa por otro, los electores franceses eligieron el segundo, otorgándole su confianza a un joven, nuevo en la política. Optaron por Emmanuel Macron, de 39 años, un hombre fuera de los esquemas clásicos de los viejos partidos y que presenta una fórmula política, mezcla de doctrinas liberales moderadas en economía e interpretaciones progresistas en materia de aspectos sociales. Francia envió a casa a Marine Le Pen. Por esta vez. Pero habrá otra ocasión porque el desafío es, en el fondo, suficientemente honorable y su presencia se está transformando en algo “normal” en el panorama político francés. Y lo que ella quiere tenazmente, y que está obteniendo, es estar presente en elección tras elección.    Pero, especialmente, Francia puso hoy en el Eliseo a Macron, un joven que fue ministro del gobierno de Francois Hollande, del que huyó cuando olfateó los vientos que soplaban; que trabajó para un banco como Rothschild pero que siempre quiso la bandera azul de Europa junto a él, en todas sus apariciones públicas, ya se en una plaza o en la televisión.    Este joven supo mantenerse firme, frío y conciente frente a las provocaciones de Le Pen en un mano a mano final que habría incendiado a muchos otros candidatos.    Macron ama a Pablo Picasso y a Charles Aznavour, tiene una esposa que le lleva casi 25 años a la que acompaña desde que era un adolescente.    Posee, además, un modo de hablar calmo que persigue una idea fija: lograr que Francia sea el punto de referencia de Europa y reanudar la tradicional colaboración con Alemania para crear una Unión Europea nueva y más fuerte, más valiente y presente en los tremendos desafíos globales de inicios del milenio. Macron sabe muy bien que no podrá y no deberá dormirse en los laureles. Simplemente no tendrá tiempo.    Y sería bueno que este mensaje llegara velozmente incluso a las oficinas silenciosas, a menudo alejadas de los ciudadanos, de las cancillerías y de las instituciones europeas. La lucha contra los llamados populismos del centro de Europa apenas comienza: los fantasmas del triste y trágico pasado europeo están listos para aflorar en muchos rincones del continente, tal vez ya en las elecciones legislativas francesas, que se disputarán el mes próximo. Aquella Francia que había socavado la Constitución Europea con el referéndum de 2005, hoy se acordó de ser un país fundador de Europa; se acordó de Robert Schumann y François Miterrand; de Claude Monnet y Jacques Delors. De seguro, es una gran noticia aquella que llega desde París para todos los europeístas de ayer, de hoy y de mañana.    Pero este es solo el inicio del camino. Hay mucho trabajo que hacer y otros tantos problemas que los ciudadanos europeos piden resolver.    Entre otros, la crisis económica -que está lejos de haber finalizado-; la solidaridad hacia quienes no tienen o buscan trabajo; la lucha contra el terrorismo; la cuestión de los inmigrantes; la crisis social europea y la construcción de nuevos objetivos. El mensaje que los franceses enviaron hoy a Europa es, en el fondo, muy claro. Otra oportunidad, otro acto de confianza hacia los valores y principios europeos que deben ser confirmados pero renovados, con nuevas ideas y esperanzas.    El mensaje es éste. Ahora le corresponde a Europa afrontarlo con decisión. (ANSA).