El EPP está cada vez más peligroso

Confirmando los peores temores acerca de la amenaza que para la seguridad ciudadana representa el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) –que hace casi cien días mantiene como rehén al joven Arlan Fick Bremm–, en la noche del pasado viernes, integrantes de esa banda armada volaron con explosivos una torre de acero de la línea de transmisión eléctrica, que afectó a seis departamentos y más de 700.000 personas en el norte del país. Pese a la enfática promesa del presidente Cartes de que la gavilla terrorista no le iría a marcar la hoja de ruta a su Gobierno, este grupo terrorista no solo se ha fortalecido, sino que sigue tan campante y con creciente dinamismo en sus acciones. Para vergüenza de las autoridades, no solo las actividades del grupo armado ilegal aumentaron en la zona, sino también las de los delincuentes comunes, según denunciaron recientemente los vecinos. Si el Comandante en Jefe no dispone un cambio de estrategia en la lucha contra el EPP, pese a que no le guste reconocerlo, este grupo criminal le va a seguir marcando la hoja de ruta a su Gobierno.

Confirmando los peores temores acerca de la amenaza que para la seguridad ciudadana representa el grupo terrorista del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) –que hace casi cien días mantiene como rehén al joven Arlan Fick Bremm–, en la noche del pasado viernes 4 del corriente, integrantes de esta banda armada volaron con explosivos una torre de acero de la línea de transmisión eléctrica de 220 kV, de Carayaó a Vallemí. El criminal atentado afectó a seis departamentos, causando ingentes daños materiales y sufrimiento humano al privar del vital insumo energético por casi dos días a más de 700.000 personas, incluidos muchos hospitales y plantas de suministro de agua potable de ciudades norteñas.

Pese a la enfática promesa del presidente Horacio Cartes de que la gavilla terrorista no le iría a marcar la hoja de ruta a su Gobierno, este grupo terrorista no solo se ha fortalecido, sino que sigue tan campante y con creciente dinamismo en el norte del país.

Debido al fracaso de sus antecesores en el cargo en la lucha contra este flagelo, la decepcionada ciudadanía acreditó espontáneamente en el compromiso asumido por el Primer Mandatario y su gobierno del “nuevo rumbo” de tomar por fin al toro por las astas y poner fin a sus andanzas delictivas. Sin embargo, tras casi un año de ineficaz, aparatoso y costoso despliegue de las Fuerzas de Tarea Conjunta (FTC), conformada por militares y policías, los resultados continúan siendo virtualmente nulos en cuanto a reducir o eliminar la criminal virulencia desatada en los departamentos de Concepción y San Pedro por el grupo criminal, que se ha declarado abiertamente insurgente y revolucionario, adoptando tácticas guerrilleras y terroristas en la perpetración de sus crímenes, como se acaba de confirmar, una vez más, con el repudiable atentado contra la línea troncal de transmisión eléctrica que sirve a la región norte del país.

Apenas un par de días después, unos cazadores se encontraron en la misma zona de Horqueta con lo que aparentemente era un grupo de integrantes del EPP, que se llevaron a uno de los cazadores, precisamente un policía.

Con más de 85 incursiones vandálicas y casi medio centenar de inocentes víctimas fatales en su haber desde el inicio de sus tropelías –incluidos civiles, policías y militares–, en lo que va del nuevo Gobierno la banda subversiva no solo ha redoblado su agresividad criminal sino que ha aumentado el tamaño de su organización con la activación de nuevas células operativas y la adopción de renovadas tácticas de propaganda política y de intimidación, mediante la distribución de panfletos y de mensajes de texto a través de internet, a más de imposiciones extorsivas a sus víctimas de ocasión, como en el reciente caso del secuestro del joven Arlan Fick.

Pero lo que más debiera preocupar a las autoridades nacionales responsables de la seguridad interna del país es la creciente utilización por parte de este grupo criminal de una de las más eficaces armas empleadas por terroristas y guerrilleros en todo el mundo: el uso de explosivos de alto poder para atentar contra instalaciones de servicios públicos, como el de referencia, así como para la preparación de minas y trampas explosivas antipersonal de fabricación casera, colocadas en rutas y caminos vecinales de circulación de vehículos, o de personal a pie, así como alrededor de sus vivaques en la selva como cordón de protección contra la incursión de las fuerzas de seguridad que, para suerte de los criminales, hasta ahora no se animan a adentrarse en los montes.

El empleo de esta nueva modalidad de combate por parte del EPP debe merecer la máxima atención de las FTC y del Gobierno, pues, aunque se trate de meros dispositivos explosivos improvisados y de conocidas tácticas “cazabobo”, a su terrible eficacia antipersonal se suma un efecto de fuerte sicosis en el ánimo de las fuerzas militares y policiales, lo cual la torna una amenaza estratégica que estas no tienen condiciones de neutralizar, porque para hacerlo se requiere alta y costosa tecnología de la que actualmente carecen las Fuerzas Armadas y la Policía.

En cuanto a los atentados contra instalaciones claves de servicios públicos o de infraestructura vial, el perpetrado en el departamento de Concepción es una señal ominosa que el presidente Horacio Cartes no debe minimizar, como vienen haciéndolo él mismo y sus máximos colaboradores responsables de la seguridad interna del país, a despecho del clamor ciudadano por una acción más firme contra la inseguridad pública.

De hecho, si hasta ahora las fuerzas de seguridad del Gobierno no han tenido que lamentar muchas bajas más por efecto de trampas explosivas antipersonal de fabricación casera colocadas por el EPP es porque, como lo atestiguan los pobladores de la zona, ellas evitan incursionar en los montes en busca del enemigo por temor, limitándose a establecer puestos de control en sedes policiales, cruces de caminos y algunos establecimientos agrícolas y ganaderos de la zona, para proporcionar la engañosa sensación de que están “protegiendo” a la población contra los ataques de los insurgentes.

Siendo esto así, no debe sorprender que, pese a los frecuentes cacareos de los ministros del Interior, Francisco de Vargas, y de Defensa Nacional, Gral. (R) Bernardino Soto Estigarribia; del comandante de las Fuerzas Militares, Gral. Jorge Ramírez; de las FTC, Gral. Restituto González, y de la 2ª Zona Policial, Crio. Gral. Gerardo Sosa, los terroristas que conforman el EPP gocen de la mayor tranquilidad en sus vivaques de los pequeños montes –porque eso es lo que son– aledaños a los pueblos y vecindarios de la zona, al amparo de la gratuita seguridad que les proporciona la inacción operativa de las FTC, al no animarse a atacarlos en sus bases por temor a las trampas explosivas “cazabobo”, principalmente.

Para vergüenza de las autoridades, no solo las actividades del grupo armado ilegal aumentaron en la zona, sino también las de los delincuentes comunes, según denunciaron recientemente los vecinos.

Definitivamente, si el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas no dispone un cambio de estrategia en la lucha contra el EPP, destituyendo a los comandantes timoratos, pese a que no les guste reconocerlo aunque la realidad se lo demuestre, este grupo criminal le va a seguir marcando la hoja de ruta a su Gobierno, hasta el punto de desalentar la radicación de capitales extranjeros en el país por temor a la inseguridad; condición indispensable para el desarrollo económico y la disminución de la pobreza en que dice está empeñado su Gobierno.